Según el informe del INEGI del 2008, México cuenta con 106,7 millones de habitantes.
¿Pero alguien sabe cuántos soñadores hay en México?
Los soñadores son las personas que quieren poner un negocio, tienen grandes ideas y grandes sueños, pero no han dado el paso. A diferencia de los emprendedores, quienes, para lo mejor y lo peor, están del otro lado de esta frontera.
Claro que emprender no impide soñar, y que soñar no impide emprender. Claro que todo soñador tiene un emprendedor dormido en sí, y que ningún emprendedor ha dejado de soñar. Pero si creo que existe esta frontera, a veces delgada e invisible, que impide una buena idea de convertirse en un buen negocio.
Para mí hay una sola imperante razón de emprender, y miles de excusas para no hacerlo: Si usted no invierte en si, nadie más lo vas hacer.
¿Porqué las empresas no invierten en sus empleados? Porque tienen que equilibrar varias necesidades: generar valor y riqueza para los accionistas, generar valor para los clientes, lo que empieza por mantener precios competitivos de mercado, y sí, claro, mantener sus empleados contentos y motivados. Pero al final tienes un único pastel que se tiene que repartir entre varios actores, y esto hace que generar un patrimonio y un futuro para sus empleados rara vez sea la prioridad de las empresas, excepto para un puñado de empleados claves.
No es cruel, no es que las empresas sean inhumanas. Es simplemente que la finalidad de las empresas no es generar un patrimonio a sus empleados. La relación con sus empleados se rige también por una ley racional de optimización de los recursos de la compañía. ¿Cómo obtengo la mayor productividad, es decir los mejores resultados al menor costo posible? ¿El mayor beneficio, con la menor inversión, el mayor retorno sobre la inversión?
Esto explica como uno puede ser bueno en su trabajo, y terriblemente comprometido, y despertarse una mañana, sin trabajo, y sin una justa compensación por todo el esfuerzo invertido. Agreguemos a esto el contexto económico incierto que vivimos en el cual vemos crisis por oleadas en diferentes sectores de la economía: aéreo, bancario, automotriz, tecnológico, etc… Con sus respectivas resacas de despidos y reestructuras a nivel mundial. ¡Es solo una cuestión de tiempo para que, tarde o temprano, nos toque a cada uno de nosotros ser despedidos!
Y no es nuestra culpa los malos resultados de la empresa, las crisis económicas, y muchas circunstancias que están fuera de nuestro control pero que pueden llevar a nuestro despido. Lo que sí es nuestra culpa, es vivir tapándose los ojos con las dos manos, y pensar que, esto, solo pasa a los demás. Es normal que las empresas no inviertan en nuestro futuro. No lo es que no lo hagamos nosotros.
Por esto todos tenemos la obligación y necesidad de emprender. Hoy en la época de Internet, en el cual tenemos todas las facilidades de vender nuestro talento por el mundo, no existen más excusas para no hacerlo.
No estoy incitando nadie en dejar su trabajo, sino de aprovechar, mientras tengan trabajo, y de invertir en sí mismos.
Compartan su pasión, ayuden a los demás, generen negocios y riqueza. Si tienen un sueño, corran atrás. Puede que no se hagan ricos, y que terminen perdiendo dinero, una y otra vez, pero al menos lo habrán intentado, y el aprendizaje, nadie se lo quita. Lo peor que les deseo es que emprender los hará mejor en su trabajo, y más útil a su empresa actual.
Y en el mejor de los casos, solo hará que sus sueños se hagan realidad.
¡Quien se avienta el primero, que yo le sigo!
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Columna invitada por Gaël Thomé. Gaël Thomé es el autor de Viralogía.