Klug Communications: historia singular de un emprendedor – Primera parte
El sueño de muchos empleados y ejecutivos es convertirse en dueño de una empresa o cuando menos en el Director General. La mayoría están convencidos que cuentan con grandes ideas para mejorar los resultados de la empresa o el negocio y muchos consideran que ya poseen las competencias para ejecutar su estrategia. Están listos para convertirse en los dueños y con un poco de suerte – que complemente su talento – podrán alcanzar su meta.
Sin embargo, el orden natural jerárquico que limita el acceso a puestos de este nivel, aunado a la ola de fusiones y adquisiciones, provoca que muchos ejecutivos con gran talento vean cómo se esfuma su sueño. Algunos contribuyen a su fracaso al no tener clara una estrategia. Ante este desencanto, los ejecutivos de alto potencial toman diversos caminos: algunos recurren a head-hunters y sólo unos cuantos encuentran mejoras en otras empresas; otros prefieren mantener sus posiciones (después de todo ser el dueño no les parece tan importante); y otros más dan “el gran paso” y se convierten en empresarios, en dueños de PyMEs o incluso de grandes empresas.
En este artículo, contaremos la historia de un ejecutivo de primer nivel que logró hacer realidad su sueño al convertirse en el Director General y principal accionista de la corporación a la que pertenecía. Veremos cómo no todas las oportunidades se presentan de la manera que imaginábamos y que una situación aparentemente adversa podría representar el escalón para alcanzar lo que hemos estado buscando. Para ello, sin embargo se requiere talento, pero – sobretodo – coraje.
Christian Klug, licenciado en administración, ingresó en 1995 a la subsidiaria colombiana de la Corporación Wandel & Goltermann como Controller. A sus 25 años, tenía como principal responsabilidad informar acerca de la evolución financiera de la fábrica colombiana. En ese entonces, Wandel & Goltermann ocupaba el tercer lugar a nivel mundial en equipos de medición electrónica para detectar fallas en las redes de telecomunicaciones.
La subsidiaria colombiana se fundó en 1992 y su Gerente General lo ocupaba un reconocido ingeniero que, sin embargo, estaba limitado en habilidades de Management. Klug, al identificar esta debilidad en la empresa, aportó sus conocimientos y poco a poco destacó como un gran administrador. Gracias a sus habilidades de dirección, pronto logró convertirse en la mano derecha del Gerente General, tomando incluso las principales decisiones de la empresa.
La carrera de Klug era inmejorable dentro de la subsidiaria de Wandel & Golterman, por lo que sus aspiraciones para ir escalando puestos dentro de la empresa (incluso en Alemania) parecían ser algo más que un simple sueño. Conocía ya la parte técnica y el respeto de sus colaboradores le permitían a la subsidiaria alemana cumplir con las exigentes metas marcadas por Alemania. Sin embargo, la realidad – como suele suceder – le tenía preparado un reto que nunca hubiera imaginado. En 1999, Wandel se fusionó con 2 corporaciones de Estados Unidos convirtiéndose en Acterna, primer lugar en equipos electrónicas de medición de redes.
Con la fusión, la estrategia de negocios se cargó hacia el modelo estadounidense que – entre otros puntos – privilegiaba el esquema de distribuidores contra el de subsidiarias, implantado por los alemanes en Colombia y 40 países más. Por ello, pronto emergieron los rumores acerca de cerrar las plantas. Los rumores se confirmaron y al final se cerraron la mayoría de las subsidiarias (incluyendo Europa y América), conservando solamente Brasil y México en latinoamérica.
La subsidiaria colombiana despediría a todos sus empleados, dejando cabida sólo al Gerente General y a Christian Klug, quien tendría probablemente que trasladarse a México con todo y su familia. El panorama lucía desolador no únicamente para él (por los retos que se había planteado dentro de la compañía y por dejar nuevamente su país natal), sino por la “cara de esa gente tan comprometida al momento de recibir la noticia y en un país lleno de incertidumbre” de acuerdo con palabras del mismo Klug. Después de trasnochar varias semanas, Klug decidió que sólo existía una sola opción para continuar con los sueños que había invertido en la empresa y al mismo tiempo mantener el puesto de trabajo de sus empleados: tenía que adquirir la subsidiaria. Colombiana. Sin embargo, no contaba con los recursos necesarios para ello, ni conocía a inversionistas dispuestos a confiarle sus recursos. Aún así, Klug estaba decidido, por lo que – después de varios análisis – ideó una de las ofertas más singulares que he escuchado en los últimos años.
Una vez afinados los números y concretado su sociedad con tres ingenieros clave de la empresa, Klug tomó el teléfono y le habló directamente a Wandel, magnate alemán y principal accionista de la anterior Wandel & Goltermann, para comunicarle cuál era su oferta. Así y sin titubeos Christian Klug, empresario de 30 años, le dijo a Wandel que estaba dispuesto a ofrecerle cero pesos por su compañía. Viajó a Alemania para explicar y demostrar cómo los costos asociados con el cierre absorberían totalmente la realización de los activos de la empresa (incluidos activos intangibles como su cartera de clientes y posicionamiento), por lo que la empresa – en términos contables – no valía nada. Sobra decir que Wandel pasó del asombro de la broma al apoyo incondicional a Klug en su empreño de adquirir la compañía.
La subsidiaria colombiana ya pertenecía al nuevo corporativo Acterna, que cotizaba en bolsa y por tanto generaba información pública, lo que hacía necesario que Klug convenciera a sus auditores para que liquidaran contablemente a la subsidiaria con activos de cuando menos 1 millón de dólares (sin considerar activos intangibles) a cambio de cero pesos colombianos. Por increíble que parezca (y aquí es donde la oportunidad sustituye a la fortuna), Christian Klug adquirió la subsidiaria colombiana (hoy Klug Communications), incrementando su patrimonio, prácticamente de la noche a la mañana, en casi 1 millón de dólares.
En unos cuantos meses, Klug pasó de empleado a Director General y accionista principal de Klug Communications. Unos meses antes estaba trazando su estrategia como ejecutivo dentro de Wandel & Golterman para después vivir trasnochado con imágenes de su nueva vida en México o en Alemania y la carga de conciencia por despedir a sus empleados colombianos. Finalmente se convirtió en empresario (incluso antes de recibir las acciones de manos de Wandel ya estaba pensando como tal). Cabe señalar que pocos han abierto una botella de champagne con Wandel y me atrevo a decir que ninguno ha recibido de sus manos acciones con un valor superior a 1 millón de dólares sin desembolsar un solo centavo.
A partir de entonces la empresa ha sobrevivido en el difícil y competido sector de tecnología, superando la adversidad que aqueja a las empresas colombianas en general y las de telecomunicaciones en particular. La empresa ha atravesado por momentos difíciles, aún así los beneficios (económicos y de experiencia) que ha significado a Klug y a su equipo han sido cuantiosos. A Klug, en particular, además le ha servido como una escuela inmejorable de empresarios. Es verdad que probablemente no había diseñado una estrategia explícita para convertirse en empresario, pero también es cierto que cuando la oportunidad se presentó, el exalumno del Colegio Aleman en la ciudad de México, estaba preparado y con el coraje suficiente para enfrentar el reto.
En la segunda parte revisaremos la situación actual de este negocio. Por el momento, sólo señalaré que Klug fue en realidad el único que se convirtió en empresario y sus accionistas no han logrado (y tal vez nunca lo logren) cambiar su visión de empleados.
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